Autor: Ricardo Aguilar Ramírez.

aguilarguerrero45@yahoo.com.mx  y  aguilarram86@yahoo.com

 

          

                  A  MORELOS.

 

Que mil cajas de guerra y clarines resuenen.

Que se inflamen los pechos con patriótico ardor.

Que los ámbitos todos de la Patria se llenen

con las notas viriles del glorioso clamor...

 

Que enmudezcan las liras delicadas que tienen

sólo voces sentidas para hablar del amor;

y por montes y valles y ciudades atruenen

las que saben de Marte, Huitchilobos y Thor...

 

Así, todo dispuesto, seme, genio, propicio;

da inflexiones sonoras a mi voz; que al azur

se remonte potente hoy, pues canto al Patricio,

 

al rotundo guerrero con anhelos de augur

que guardó la sotana para entrar al servicio

de la Patria bejada... ¡Al Coloso del Sur!

 

             PRÓLOGO.

 

Escondida en un rincón

de la España poderosa,

la Nueva España reposa.

¡Ah, despiadado León!,

tú no tienes corazón...

Desde que altivo llegaste

al Águila sujetaste

y no la dejas volar...

Al Águila del tular

su libertad le robaste.

 

Casi tres siglos pasaron

desde que el dios castellano

destrozó con ruda mano

lo que los indios formaron:

El imperio que admiraron

aquellos conquistadores;

dioses blancos y traidores

que llegaron por el mar,

con Cortés, varón sin par,

como Señor de señores.

 

¡Todos los cuauhtlis murieron!

Ante el empuje brutal

de la España colosal

los Cuauhtémocs sucumbieron.

Y victoriosos que fueron

los guerreros del caballo,

de los perros y del rayo,

en las morenas indianas

miraron rosas tempranas

para formar un serrallo.

 

¡Ah, brutales campeones!

La simiente que trajeron

en tierra nueva pusieron;

y brotó con nobles dones:

Valor en los corazones,

y un respeto exagerado

para el padre despiadado

que los desprecia, los veja,

y con la madre los deja

sin ver que los ha engendrado.

 

Y allí está la raza nueva.

La raza de los mestizos;

la de los cuerpos cobrizos

que en el alma triste lleva

el dolor que se renueva

al paso de cada día,

pues la hieren a porfía

los venidos de la España,

quienes la explotan con saña

y azotan con mano impía.

 

                        (Continuará)

(Continuación):

 

"¡Piedad! ¡Piedad!", exclamaron

los primeros franciscanos...

Los dominicos hermanos

también "Piedad" imploraron...

Y a los indios restañaron

las heridas de arcabuz

bajo el signo de la cruz...

Y tales varones santos,

les enseñaron sus cantos

y a querer al Buen Jesús...

 

Y el mestizaje creció

con el estigma de ser

indigno por poseer

la sangre que palpitó

en la raza que murió...

Así, los peninsulares,

amos de tierras y mares,

a los mestizos marcaron

como esclavos; y reinaron

en la tierra de jaguares... 

 

¡Desdén a los indios puros!

¡Desdén para los mestizos!

Los tales sufren, sumisos,

injustos castigos duros,

por ser indignos, impuros...

Y el español se enriguece...

A las castas escarnece;

no les paga sus haberes;

viola sus lindas mujeres;

y soberbio se envanece...

 

Casi tres siglos pasaron

desde que el dios castellano

destrozó con ruda mano

lo que los indios formaron...

¡Casi tres siglos pasaron!

Y a causa de su maldad,

estalló la tempestad...

Fue en el pueblo de Dolores,

donde entre fieros clamores,

nació al fin la libertad...

 

Mas, aquellos atrevidos

que al español desafían,

¿quiénes son y en qué confían?

¿Son los cuauhtlis revividos

que regresan, decididos

a expulsar al vil tirano?

¿Es el joven soberano,

Cuauhtémoc, muerto señor,

quien temblando de rencor

tiende a  los suyos la mano?

 

No. Los mestizos, cansados

de siglos de trato fiero,

tras un anciano señero

se lanzan esperanzados,

resueltos y mal armados...

"¡Que mueran los gachupines!",

resuena por los confines

de la española heredad...

"¡Viva la gran libertad!",

rugen tales paladines...

 

                        

 

   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

          - - - - - o - - - - -

     EL INSURGENTE.

                1

Montado en brioso bridón

parte de Indaparapeo

Morelos... Su gran deseo,

la dulce y cara ilusión

que alienta su corazón

comienza a cristalizar...

Ahora podrá luchar

por la Patria bienamada...

La mirará liberada

o morirá de pesar...

 

A Carácuaro regresa...

Y sueña mientras cabalga:

"Así la suerte me valga

y tengo ya la certeza

de marchar a la cabeza

de una tropa decidida

que de con gusto la vida

por la causa... ¡Libertad!,

serás tu la gran verdad

de mi Patria..., de mi vida..."

 

Y al llegar a su curato

exhorta a los naturales

con pasión y fuerza tales,

que lo siguen de inmediato

con patriótico arrebato

veinticinco soñadores...

Él los arma. Con honores

les da lanzas y escopetas...

Y dice a tales atletas:

"Marchemos, bravos señores".

 

Y allá van en pos de gloria...

Desconocen su destino,

pero van por el camino

que registrará la historia...

Es contagiosa la euforia

de aquel grupo de valientes

que se sienten más potentes

cuando una rubia mañana

el sin rival, Galeana,

se une a los insurgentes...

 

En Tecpan fue tal suceso.

Y después, en El Zanjón,

les trajeron un cañón

los Galeana. No es grueso,

pero empiezan ya, con eso,

a tener artillería...

Con él Morelos confía

en que dará la pelea

cuando de frente se vea

con los del Virrey, un día...

 

Y la tropa entusiasmada,

con ilusión y cariño,

le pone al cañón "El Niño";

y se apresta alborozada

a iniciar otra jornada...

Morelos, el insurgente,

con su fuerte contingente

al "Aguacatillo" llega;

y de inmediato se entrega

a organizar a su gente...

 

Valdovinos es mandado

a ocupar El Veladero...

Y ese valiente guerrero,

gran patriota, gran soldado,

carga intrépido y osado

contra una fuerza enemiga

que pretende no consiga

la insurgencia tal objeto...

Mas, la vence por completo...

Y ya vencida, la hostiga...

 

Ocupa pues la montaña

que Morelos ordenó.

Dueño del campo quedó...

Y como premio a su hazaña,

del campo enemigo apaña

las armas abandonadas

por las tropas derrotadas...

Acapulco queda así

dominado desde allí

por las fuerzas levantadas...

 

En cuanto sabe el Virrey

que La Cuesta y El Marquez,

y Las Cruces, todo es

tierras do rige la ley

de Morelos y su grey;

y también El Veladero,

y El Aguacatillo entero,

da a bravo campeón

la rotunda comisión

de batir al cura fiero...

 

Francisco Paris se llama

el campeón realista

que de inmediato se alista

a cumplir lo que reclama

el Virrey... Y tiene fama

de ser hombre que no ceja

en sus empeños..., ni deja

las cosas por concluir...

Con él se ha de reunir

don José Sánchez Pareja...

 

En Arroyo Moledor

don Rafael Valdovinos

y sus guerreros cetrinos

descubren, no sin temor,

cómo avanza aquel señor,

con sus fuerzas desplegadas,

elegantes, bien armadas,

que con las suyas contrastan...

Pero las galas no bastan...,

¡y relucen las espadas!

 

Mas, Paris, en un instante,

dispersa a los insurgentes.

Y ordena a sus asistentes:

"Siga la tropa adelante

hasta dar con el tunante

cabecilla de esos necios...

Veremos si son tan recios

los chinacos insurrectos...

Tales traidores, abyectos,

sólo merecen desprecios..."

 

Y feroz su espada blande

cuando le dicen sus gentes

que don Juan Antonio Fuentes,

fue vencido en Llano Grande,

por un Ávila... "Donde ande

y encuentre yo a tal maldito,

le haré pagar el delito

de bandido, de faccioso;

no en obscuro calabozo...

¡Colgado de un arbolito!"

 

Marcha pues contra Las Cruces

y San Marcos... Allí están

los rebeldes... "Ya saldrán

corriendo todos de bruces

al sonar mis arcabuces

mandando plomo a raudales...

Ya verás, fraile de males...

Tú, mal cura, vil Morelos...

De ti se apiaden los cielos,

¡por tus crímenes bestiales!"

 

Como lo dijo, lo hace...

Se cimbra toda la tierra

con el fragor de la guerra...

Pero Morelos deshace

la embestida...; que su base

es nido de águilas fieras,

de leones, de panteras...

Y responde a los balazos

con lanzadas, con flechazos

y mil pedradas certeras...

 

Paris ruge bronco, fiero:

"¡Disparen ya los cañones!"

Y a las fuertes explosiones

contesta "El Niño" certero,

mientras grita el artillero,

que enciende presto la mecha

para abrir brecha tras brecha

en las fuerzas del virrey...

"El Niño" en la guerra es rey

y es macabra su cosecha...

 

Y la lucha se encarniza

con el paso de las horas...

Rugen las armas sonoras...

Letales piedras graniza...

Todo pasa tan de prisa

que se funden los sonidos...

Hay relinchos. Hay gemidos...

Explosiones. Juramentos.

Silbos. Tumbos y lamentos

y terribles alaridos...

 

Nadie ceja. Nadie cede...

Los hispanos ordenados...

Los insurgentes, osados...

Cada uno no, no puede

permitir que el otro quede

vencedor... Tan digno broche

disputan con tal derroche

de valor y decisión,

que sólo para la acción

cuando llega al fin, la noche...

 

Y a la luz de las estrellas,

cuando el cañón sonoroso

permanece silencioso,

las mujeres, dulces, bellas,

a sus hombres curan... y ellas,

que al rezar cobran aliento,

por sus bravos un momento

ruegan al Dios de los cielos...

¡Y por el jefe Morelos

que recorre el campamento...!

 

Paris se encuentra pasmado...

Él pensaba. él creía

que en muchomenos de un día

con su ejército avezado

los habría derrotado.

Pero pese a sus esfuerzos,

los hados le son adversos...

Luego destaca correos...

Oaxaca, sin rodeos,

debe mandarle refuerzos.

 

De Acapulco los recibe...

Ahora sus efectivos

son dos mil hombres activos...

Y Paris pronto concibe

tomas La Sábana... Vive

con el ansia de apresar,

pues que lo quiere colgar,

al Ávila que venció 

a Antonio Fuentes... Juró

que tal cosa ha de lograr...

 

Tres columnas apareja

Paris para tal empresa.

Él se pone a la cabeza

de la del centro. Le deja

la diestraa Sánchez Pareja...

La izquierda a Francisco Ronda...

Y además, manda se enconda

un grupo de cien soldados:

"Agárrenlos por los lados.

Que su cañón no responda."

 

Avanzan en tal concierto

las columnas apoyadas

por terribles andanadas

de metralla. Han abierto

varias brechas; y han cubierto

las primeras posiciones...

"¡Adelante, campeones!

-ruge Paris-, ¡por España!"

Y sus gritos acompaña

con terrífias acciones.

 

Poco a poco se repliegan

los insurgentes, forzados

por los reales soldados

del virrey... Muchos se niegan

ceder, y así se entregan

valerosos, decididos,

y entre fieros alaridos,

a un cuerpo a cuerpo inaudito

contra el turbión infinito,

hasta caer abatidos...

 

Desafiando la metralla

Miguel de Ávila ruge;

y suicida, con su empuje,

logra igualar la batalla...

Pero junto a él estalla

y crece ronco fragor...

Los realistas, ¡dolor!,

lo descubrieron... "¡A él!

¡Apresad a don Miguel!",

grita Paris con rencor... 

 

Todo parece perdido...

Don Miguel está copado

con un pequeño puñado

de los suyos. Mas, ¿qué ha sido

ese sonoro estampido?

Y con reprimido lloro

alzan los hombres su coro:

"¡Es El Niño! ¡Es El Niño!"

y el cañón de su cariño

ruge certero y sonoro...

 

Valerosos se destacan

los crecidos insurgentes

contra Paris y sus gentes...

A don Miguel ya rescatan...

A cientos de hispanos matan

a lanzadas, a flechazos,

a pedradas, a balazos...,

que allí está el Jefe Morelos

como enviado por los cielos,

repartiendo cañonazos...

 

Al fin Paris se retira

derrotado hasta Tres Palos.

En sus batallones ralos

cruel estrago se mira.

Y mientras Paris suspira,

Morelos mira calmado

el cariz que ha tomado

su campaña. Mide y pesa

la magnitud de su empresa:

"Nada. Nada se ha ganado".

 

Pero le ayuda la suerte.

En el rival campamento

hay un hombre descontento. 

un capitán, hombre fuerte

que juró darle la muerte

a Paris, su general,

porque con saña brutal

lo castigó sin clemencia...

¡Sanará de tal dolencia

si su venganza es total!

 

Con Morelos, pues, concierta

el capitán mencionado,

Tabares el renegado,

dejar una puerta abierta,

para que poe ella vierta,

en su campamento, gente

armada el insurgente...

"Coronaré tal acción

hiriendo en el corazón

a Paris, el insolente".

 

Julián de Ávila avanza

hacia el real enemigo...

Seiscientos lleva consigo;

y todos con la esperanza

de vencer... Ya casi alcanza

el objetivo... Cerrada

la obscura noche, callada,

lo protege... Lo cohíbe...

"¿Y si el traidor nos recibe

con una burda celada?" 

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